Está elaborado con Kefir (alimento natural probiotico) y oleato de tomillo en aceite de oliva.
El oleato se elabora mediante la maceración de la planta en aceite, a mi me gusta tenerlo al menos 30 días y ver como poco a poco el aceite va cambiando de color y empieza a coger un ligero perfume. Una vez pasado ese tiempo se filtra cuidadosamente y obtenemos un aceite que ha recibido los componentes liposolubles del vegetal, ¡vaya! es como una transfusión.
Porqué tomillo, pues porque éste es un de los mejores desinfectantes naturales debido a su enorme riqueza en Timol. Por otra parte la presencia de Kefir ayuda a controlar el crecimiento de agentes patógenos gracias a su capacidad de favorecer la flora bacteriana natural de nuestro organismo.
Ingredientes:
Aceite de Oliva: Es la base principal de todos mis jabones. Es un aceite tan generoso, con tantas propiedades beneficiosas que no utilizarlo es casi pecado. En esta ocasión como ya he comentado, ha pasado un periodo de maceración con tomillo que lo han convertido además en un maravilloso oleato.
Aceite de Coco: Aporta al jabón una estupenda espuma.
Manteca de Mango: Ya he hablado en otras ocasiones de esta manteca. Aquí la he querido utilizar por la sensación de suavidad que deja.
Aceite de Rosa Mosqueta: Este aceite merece sin duda un sitio preferente entre todos los aprendices o maestros de la jaboneria y la potingueria. En esta ocasión lo he utilizado por su capacidad cicatrizante y regenerante de las células.
Kefir: El kefir es un alimento probiótico similar al yogur. Se obtiene de la fermentación del hongo de Kefir en leche. Pero el Kefir realmente necesita una explicación amplia y detallada (prometo una entrada específica para él). Su principal virtud es la de regenerar la flora bacteriana.
Esta es la propiedad que me ha llevado a añadirlo en este jabón y es que ayuda a restablecer el equilibrio y a controlar el sobrecrecimiento de levaduras producidas por hongos como la Candida Albicans (hongo responsable de la Candidasis).
Aceite esencial de romero: Entre otras muchas propiedades el romero es un potente fungicida. Es una de esas maravillosas plantas que vemos cada día al pasear por nuestras ciudades, decorando jardines y plazuelas. Cuando paséis a su lado acariciadle, os impregnara de ese maravilloso olor a campo.
Ingredientes:
Aceite de Oliva: Es la base principal de todos mis jabones. Es un aceite tan generoso, con tantas propiedades beneficiosas que no utilizarlo es casi pecado. En esta ocasión como ya he comentado, ha pasado un periodo de maceración con tomillo que lo han convertido además en un maravilloso oleato.
Aceite de Coco: Aporta al jabón una estupenda espuma.
Manteca de Mango: Ya he hablado en otras ocasiones de esta manteca. Aquí la he querido utilizar por la sensación de suavidad que deja.
Aceite de Rosa Mosqueta: Este aceite merece sin duda un sitio preferente entre todos los aprendices o maestros de la jaboneria y la potingueria. En esta ocasión lo he utilizado por su capacidad cicatrizante y regenerante de las células.
Kefir: El kefir es un alimento probiótico similar al yogur. Se obtiene de la fermentación del hongo de Kefir en leche. Pero el Kefir realmente necesita una explicación amplia y detallada (prometo una entrada específica para él). Su principal virtud es la de regenerar la flora bacteriana.
Esta es la propiedad que me ha llevado a añadirlo en este jabón y es que ayuda a restablecer el equilibrio y a controlar el sobrecrecimiento de levaduras producidas por hongos como la Candida Albicans (hongo responsable de la Candidasis).
Aceite esencial de romero: Entre otras muchas propiedades el romero es un potente fungicida. Es una de esas maravillosas plantas que vemos cada día al pasear por nuestras ciudades, decorando jardines y plazuelas. Cuando paséis a su lado acariciadle, os impregnara de ese maravilloso olor a campo.


